
La mañana está nublada y fría, pero en la conversación con Robot95 no hay prisa. Habla con calma, como alguien que ya entendió que crear no siempre es producir sin parar, no ser una máquina de chambeo sino saber cuándo entrar al estudio y cuándo salir a vivir. Detrás de eso, la música entregada hay jornadas largas, procesos cuidados y una etapa artística que empieza a tomar forma con más claridad.
Con sus más recientes lanzamientos Robot95 nos adentra a su mundo, un nuevo espacio donde converge lo “tradicional” del rap con lo brillante de su Ser; en entrevista nos cuenta sobre su visión, su proceso creativo, la inteligencia artificial, el cine y el futuro inmediato de su proyecto.

Todo comienza con “Monte Fuji”, el nuevo sencillo que comparte junto a Neto Peña y que marca un giro interesante dentro de la escena. Conocidos por su peso en el rap y el trap, ambos artistas sorprenden aquí con un track abiertamente pop, melódico y luminoso, acompañado por la voz de Paloma Morphy, invitada especial exclusivamente para esta canción.
Este tema no nació con la intención de encajar en un género. Simplemente pasó. Se armó en el estudio, sin mapa previo, y los llevó (casi sin darse cuenta) fuera de su zona de confort. El resultado es un tema de melodías suaves, beat limpio y una atmósfera emocional que amplía el rango sonoro de Robot95 y Neto Peña sin borrar su identidad narrativa.
Para Robot95, este tipo de exploración no es un accidente, sino parte de un proceso que viene cocinándose desde hace tiempo. “Siempre supe el artista que quiero ser”, explica. Después de años ligados al rap más directo y crudo, el último año lo dedicó a experimentar con el canto, con estructuras menos rígidas, con sonidos más brillantes.
“Fue muy divertido pasar por esa etapa… ahora quiero combinar esos dos mundos, el del cantante y el del rapero”.
Ahí es donde el tema y en general, el EP de cuatro canciones llamado Metrópoli funciona como una especie de puerta de entrada a lo que viene. Por otro lado, la voz de Paloma Morphy aporta un matiz sensible y fresco que termina de empujar el track hacia un terreno pop sin que pierda la esencia emocional de Robot y Neto. No es un giro forzado: es un crossover natural.
Sin duda este joven músico atraviesa uno de los momentos más interesantes de su carrera. Entre nuevas colaboraciones, un giro melódico en su sonido y una visión cada vez más clara de quién es como artista, el músico mexicano se prepara para un año cargado de lanzamientos. Así comienza con “Nintendo”, el sencillo lanzado junto a Bipo Montana.
“Esa canción ya tiene como dos años guardada. Tenemos varias canciones guardadas… hacemos muchas rolas y las vamos soltando conforme nos vibra”.
La colaboración nace desde la amistad, sin presión de calendario ni estrategias rígidas, algo que se percibe en la atmósfera relajada y nostálgica del tema.
Esa honestidad también atraviesa la estética de su proyecto, autodefinida como simple: “A veces ser yo es algo muy simple, pero eso transmite más”; no duda ser “un soñador nostálgico”.
Parte del atractivo de Robot95 está en la coherencia entre su sonido, su imagen y su discurso. Una estética que no fue planeada desde el inicio, sino construida con el tiempo.
“Se fue dando mientras me fui descubriendo a mí mismo. Desde el principio tenía claro que quería ser un artista completo, también visual”.
Hoy es más selectivo que nunca con lo que decide publicar, “ya no quiero tocar nada que no sea totalmente yo” pues para él, la conexión real ocurre cuando no hay máscara.
Su forma de crear responde a esa idea. No se presiona a grabar todo el tiempo. Prefiere acumular experiencias, historias, emociones, y luego volver al estudio. “Junto días para tener vivencias y después entro a descargar la energía”. Para él, el verdadero desgaste no está en crear, sino en lo que rodea a la industria…
“Lo burocrático es donde se rompe el artista. El artista solo quiere hacer arte”.
Fuera de la música, el cine es una de sus grandes fuentes de inspiración. Su película favorita es Forrest Gump; “Me gusta creer que la vida es así, que podemos hacer muchas cosas, ser camaleones”. Incluso se imagina su música sonando en una escena icónica: “Un pedacito mío mientras va corriendo… me encantaría”.
Ese interés por contar historias también lo acerca a la actuación. “Me gusta la cámara, transmitir sentimientos… tal vez sí me rifaría”. Y esa idea también conecta con su visión de la música: moverse, mutar, no quedarse fijo.
Y así, como una persona cotidianamente y sin olvidar que es un ser humano, nos sumergimos en el debate en torno a la inteligencia artificial en la música, su postura es abierta. “No me molesta, para mí es una herramienta”, asegurando que aun así, hay algo irremplazable: “Nunca va a competir con el sentimiento de un concierto en persona”.
El 2026 arranca con fuerza. Robot95 lanzará su primer sencillo del año el 12 de febrero, seguido de más estrenos en marzo. “Quiero preparar a la gente para lo que viene después”, adelanta e inevitablemente los shows en vivo llegarán más adelante.
“Estos primeros seis meses son importantes para que conozcan esta música, y después quiero planear algo interesante”.
Con una visión clara, sin prisa y fiel a su identidad, Robot95 sigue construyendo un universo donde la nostalgia, la emoción y la honestidad son protagonistas. Y eso (en tiempos de ruido) se agradece.

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